Programa #362: Fenómeno de El Niño 2026, qué dice la ciencia y cómo prepararse
El PhD Franklin Ormaza, docente investigador, explicó en Azul Sostenible por qué las anomalías no equivalen a un evento declarado, qué proyecta la NOAA, cómo influye la fase fría del PDO y qué medidas conviene tomar en hogares, empresas y comunidades costeras.

Las redes sociales llevan meses hablando de la llegada de El Niño, y muchas veces mezclan anomalías, proyecciones y alarma. Para ordenar la discusión, Azul Sostenible entrevistó al PhD Franklin Ormaza, docente investigador y oceanógrafo, que lleva años siguiendo el fenómeno. Su mensaje central fue que en este momento no hay un evento declarado, que la probabilidad de que se forme es alta y que Ecuador debe prepararse sin dejarse llevar por el sensacionalismo.
Una estación propia y siete años de datos
Ormaza conversó desde la costa, donde junto con su esposa, la oceanógrafa Davera, mantiene una estación de observación que cumplió siete años de operación continua. Según explicó, registra meteorología, radiación solar, vientos, temperatura de la arena y fauna de la playa, y sus datos se publican en redes sociales para que cualquiera los use con el crédito correspondiente.
También contó que un estudio en una zona de playa de 100 m² midió la tasa de acumulación de plástico. Con la Universidad de la Sorbona, el equipo analizó la conectividad entre el plástico de la playa y el hallado a 4.000 metros de profundidad, y ese trabajo está disponible como manuscrito previo. De forma incidental, observaron que los cangrejos rojos de la playa confunden el plástico con alimento. Su equipo prepara la publicación formal de estos resultados.
Qué es El Niño y por qué no basta una anomalía
Ormaza recordó que el nombre nació entre pescadores peruanos y ecuatorianos católicos, porque las lluvias se adelantaban hacia diciembre, en tiempo del Niño Jesús. Pidió a los adultos explicar el fenómeno a los niños para que no lo asocien con algo malo.
Explicó que El Niño es un proceso acoplado entre el océano y la atmósfera, que se estudia en la región llamada Niño 3.4, a unos 8.000 kilómetros al oeste de Ecuador. Se define por un índice, el RONI, y no por anomalías aisladas de temperatura. En la fecha de la entrevista, dijo, la NOAA mantenía el estado neutro y el índice estaba en valores propios de La Niña.
En su opinión, las condiciones podrían estar formándose. Recordó que la NOAA estimaba una probabilidad de entre 80 % y 90 % de que se den y que el índice atmosférico SOI llevaba cerca de un mes en condiciones compatibles, cuando se requieren unos 90 días. Para declarar el evento y determinar su intensidad, indicó, hacen falta unos cinco meses de condiciones sostenidas en el océano. Estimó que eso ocurriría hacia noviembre.
Proyecciones, intensidad y el papel del PDO
El invitado mostró dos gráficos. El primero, con modelos deterministas, llegaba a anomalías de hasta 4 °C en Niño 3.4, con una dispersión creciente hacia el futuro. El segundo, publicado por la NOAA el lunes de esa semana, está tratado con métodos probabilísticos y apunta a una anomalía cercana a 2 °C, que se alcanzaría en diciembre. Ormaza dijo que prefería trabajar con esta última por ser la fuente oficial.
Añadió que el Pacífico estaba en la fase fría de la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO), con un valor de −1,60 en mayo. Según explicó, esa fase modula la intensidad y las teleconexiones del fenómeno. Con ese contexto, su proyección es un Niño moderado alto, que podría llegar a fuerte bajo, algo por encima de 1,5 en el índice. Reconoció que muchos modelos no declaran si incorporan el PDO.
Intensidad allá no es impacto acá
Ormaza advirtió que la intensidad en Niño 3.4 no determina lo que ocurre en la costa ecuatoriana, donde las condiciones son muy dinámicas y no se pueden predecir con meses de antelación. Citó los eventos de 2015-2016 y 2023-2024, fuertes en el Pacífico central pero con impacto limitado en Ecuador. También citó el de 1940-1941, de intensidad moderada pero muy lluvioso: según dijo, en Guayaquil llegaron a caer unos 8.500 mm, frente a un promedio cercano a 1.800.
Por eso recomendó seguir la situación presente y proyectar, como mucho, a unos 15 días en oceanografía.
Qué está pasando hoy frente a la costa
Ormaza sostuvo que el mar frente a Ecuador no se está calentando, sino que se enfría más despacio de lo habitual. Dijo que en febrero y marzo el agua llegó a unos 30 °C y que en su estación había bajado a cerca de 27 °C. Atribuyó el retraso a una onda Kelvin que llegó desde enero. Según explicó, los vientos del sur siguen activos y alejan el vapor de agua de la costa, de modo que unas gotas de lluvia en junio no serían señal de El Niño.
Sí detectó efectos en el sector pesquero, con redistribución de especies. Mencionó la abundancia extraordinaria de una especie indicadora de aguas cálidas, reportada por pescadores en la costa y en Galápagos. Según su estimación, la flota atunera industrial perdía alrededor de un 14 % de sus capturas, porque los peces se alejan y la termoclina se profundizó. Dijo no tener datos sólidos para estimar el efecto en la pesca artesanal. Señaló además que la termoclina se estaba recuperando.
Fuentes de datos y capacidad científica
El ingeniero Guillermo Morán, que seguía la emisión desde Panamá, preguntó dónde deben informarse estudiantes, técnicos y autoridades ante tantas fuentes. Ormaza respondió que el mayor volumen de datos proviene de la NOAA, con boyas, satélites y cruceros. Explicó que EE. UU. tiene intereses directos en el fenómeno, por California, los huracanes del Atlántico y la Amazonía, y que Australia, Japón y Europa también aportan información.
Sobre Ecuador, señaló que el INEP ya no cuenta con buque de investigación y que el país hace pocos cruceros, mientras Perú tiene más capacidad de medición. Pidió invertir más en ciencia y recordó que el análisis también exige trabajo de campo. Contó que un crucero con la Sorbona en 2023-2024 midió agua de origen antártico a unos 1.000 metros de profundidad.
Preparación en hogares, empresas y comunidades
El conductor llamó a las autoridades a tener listos planes de contingencia. Ormaza consideró acertada la alerta amarilla del Gobierno y el trabajo del municipio de Guayaquil, pero insistió en que la preparación empieza en cada barrio y familia: revisar techos, limpiar alcantarillas y canalizaciones, mantener pozos sépticos, tener medicinas y agua almacenada, y hervir el agua de lluvia antes de beberla. Pidió que escuelas e iglesias difundan información clara, y que las empresas inviertan en mantenimiento.
A las comunidades pescadoras, incluidas las del golfo de Guayaquil, les recomendó apoyarse en el conocimiento de sus mayores y organizarse para pedir apoyo a las autoridades. Aclaró que, aun sin un evento intenso, esa inversión se mantiene como una mejora útil para los años siguientes.
La explicación completa de Franklin Ormaza, con los gráficos y las preguntas del público, está disponible en la emisión íntegra de Azul Sostenible: https://www.youtube.com/watch?v=mKr5WzP2AJw


